martes, 21 de junio de 2016

Bienvenida

PROYECTO “BLOG DE AULA: EDUCACIÓN EN VALORES”

Blog: “La mirada del Bécquer”

       Bienvenidos al proyecto creado por el alumnado de 1º curso de la Formación Profesional Básica en Servicios Administrativos del IES Gustavo Adolfo Bécquer (curso 2015/2016). En este blog vamos a plasmar el trabajo realizado durante todo el curso sobre “Educación en Valores”.

 Y es que no es lo mismo ver que mirar, de ahí el nombre dado a nuestro blog.  Según la RAE, en su primera acepción, ver es “percibir con los ojos algo mediante la acción de la luz”, y mirar es “observar las acciones de alguien; pensar, juzgar”. Desde nuestro centro y nuestra aula, hemos querido mirar y no solo ver; mirar, reflexionar y debatir, en la medida de lo posible, sobre algunos asuntos a los que la sociedad no presta atención ni intenta resolver porque se ha acostumbrado a convivir con ellos y a los que asiste impasible sin intentar cambiar la realidad.

Se trata de una reflexión acerca de diferentes problemas con los que las personas –y nuestro alumnado en particular- conviven cada día: el alcoholismo y la drogadicción entre los jóvenes,  el consumismo, el maltrato escolar, la violencia de género, la inmigración ilegal, la explotación infantil, entre otros…

Investigando sobre estos asuntos, buscando información de diversas fuentes y contrastándolas posteriormente entre ellos, los alumnos han adquirido una visión más amplia de la realidad que les rodea y les ha aportado conocimientos que antes no tenían y que van a servir para enriquecer su formación para la vida.

Esperamos que os guste el resultado de nuestro trabajo.


Hasta siempre.

El acoso escolar

Viñetas sobre "El Bullying"





Viñetas sobre el ``Consumismo´´


Viñetas sobre la ``Drogadiccion en jovenes´´

Noticias sobre "La Explotación Infantil"

Polémica en Marruecos por el estatus de las ‘niñas criada’

Una comisión aprueba la contratación de adolescentes como empleadas domésticas

En Marruecos hay miles de menores empleadas en el servicio doméstico, conocidas como “niñas criada”. En 2013 murió una niña de 14 años con quemaduras de tercer grado causadas por la familia para la que trabajaba. Y en 2011 falleció otra de 11, tras ser torturada por la hija de la mujer que la contrató. Algunas ONG locales, como Insaf, llevan años luchando contra esta “forma de esclavitud” que, según esta organización, afecta a más de 66.000 niñas.
El Gobierno del Partido Justicia y Desarrollo (PJD), islamista moderado, también lucha contra esa explotación. Pero lo hace a su manera. El 9 de mayo consiguió aprobar una ley en comisión parlamentaria que, aunque mejora las condiciones laborales de las empleadas domésticas, permite su contratación a partir de los 16 años.

¿Cuánta gente cae por el camino para que usted tenga montañas de ropa?

Imagine que las etiquetas de moda dieran esta información. Inaudito, ¿verdad? Pues hay empresas que garantizan que su cifra es "cero"

En un mundo globalizado en el que el consumo es cada vez mayor y más accesible, las principales marcas de ropa internacionales compiten de manera feroz para ofrecer un mayor número de prendas al menor precio posible. Lograr este ritmo de mercado pasa por abrir fábricas en países que se encuentran en vías de desarrollo, en donde el salario mínimo es inferior al de aquellos que los contratan; y por acelerar la producción, dejando así a los trabajadores de este sector en una situación de indefensión que se traduce en la aparición de enfermedades causadas por productos químicos, una esperanza de vida reducida, e incluso muertes. Es el lado feo de la moda.
El documental The True Cost, que se proyectó por primera vez en España dentro del Another Way Film Festival en 2015 (Madrid), escarba en las contradicciones de la llamada fast fashion, un término contemporáneo que define a una industria frenética que acerca con velocidad las tendencias a las tiendas en detrimento de las condiciones laborales de sus trabajadores. Elena Sáenz de Urturi, coordinadora junto a Carol Blasco de Moda Sostenible La Rioja, explica: “Este nuevo modelo de consumo rápido y de acumulación descuida los recursos naturales y no tiene en cuenta la seguridad de los trabajadores, que se encuentran cada vez más presionados por las continuas amenazas de deslocalizar sus fábricas [cambiarlas de territorio para abaratar costes]”. Latragedia de Rana Plaza, ocurrida en abril de 2013, es uno de los más duros símbolos de este rumbo tomado por una parte de los actores de la industria textil.

“No se lo deseo a nadie. El tráfico de niños es terrible”

Niños y niñas de la calle, traficados o con problemas con la ley rehacen sus vidas gracias a la ayuda de los misioneros salesianos de Benín


Una noche mi padre me dijo que nos íbamos a Nigeria. Cogimos el coche y cuando llegamos nos encontramos con una señora que le dio dinero. Cuando lo cogió el dinero, me dijo que lo esperara, que iba a comprar pan. Yo me quedé callado. Se fue, huyó y me dejó allí. Tuve miedo. Me decían que barriera la casa, que fregara los platos”, explica Rachidi, que tenía 11 años cuando su padre lo vendió a una mujer para que se encargara del trabajo doméstico. Con el dinero, 20.000 CFA (unos 30 euros), quería saldar unas deudas. La vida de Rachidi se truncó. Fue explotado y maltratado. Un día, cuando la señora lo mandó a hacer un recado con su hija, aprovechó para fugarse. Entonces vivió en la calle, comiendo lo que encontraba y durmiendo en el mercado. “Una mujer me encontró y llamó a la policía”, cuenta Rachidi. Los agentes hablaron con elmisionero salesiano Juan José Gómez, quien lo acogió en el centro Don Bosco de Porto Novo. El niño nunca había ido a la escuela. Después de cinco años en el centro, los salesianos encontraron a su madre, Anne Yekpon, y hoy Rachidi vive de nuevo con ella. “No se lo deseo a nadie. El tráfico de niños es terrible”, comenta la señora Yekpon. Su padre volvió a casa varias veces e intentó llevarse al niño para venderlo otra vez, pero gracias a la intervención del juez de menores, ha sido entregado oficialmente a la madre, impidiéndose así que sea traficado de nuevo. Rachidi ha recuperado su sonrisa y la confianza en el futuro: hoy es uno de los mejores de su clase.

Viñetas sobre "La Explotación Infantil"





Noticias sobre la ``Responsabilidad Social Corporativa´´

Balearia se propone mejorar en igualdad de género
Utor ha presentado la memoria de responsabilidad social corporativa de 2015, que elabora desde hace seis años pero cuyas conclusiones se hacen públicas por vez primera, y ha admitido que la compañía es "el tuerto en el país de los ciegos" pero aun así está "lejos" de ser "una empresa ideal".

EXPANSIÓN analiza la gestión responsable de la cadena de suministro en las empresas
15.01.2015MADRID
El encuentro ha sido inaugurado por la directora de EXPANSIÓN, Ana I. Pereda, y ha contado con la apertura de honor de Peter McAllister, director de Ethical Trading Initiative (ETI), en cuya intervención ha abordado las alianzas multistakeholder como herramienta de los derechos de los trabajadores.
La jornada incluye dos mesas redondas centradas en la responsabilidad social en la cadena de suministro. La primera, orientada hacia la globalización, el desarrollo sostenible y los derechos humanos, estará moderada por Manuel Escudero, miembro del Consejo de Deusto Business School, y cuenta con la intervención especial del director de la Oficina OIT España, Joaquín Nieto.


Las pymes se apartan de su lado más verde
28.10.2014Amy Westervelt
Los mensajes medioambientales han perdido parte de su atractivo, por lo que las empresas se están centrando en destacar otras fortalezas.
Hace una década, los empresarios se lanzaron a satisfacer la demanda de productos respetuosos con el medio ambiente, pero ahora la actitud está cambiando. Los consumidores ya no están tan interesados en este tipo de bienes, como ocurría antes; tanto es así que esta etiqueta puede incluso despertar sentimientos negativos para muchos de ellos, según recogen diferentes encuestas y opiniones de expertos.
Por este motivo, muchas pequeñas compañías han dejado de promocionar su trabajo en este campo. En lugar de publicitar cómo sus ingredientes o sus métodos de producción ayudan al entorno, se están centrando en otras de sus fortalezas, es decir, en lo que sus productos pueden aportar como, por ejemplo, su rendimiento, sus propiedades o sus beneficios para la salud.

"Nunca hemos usado el término ecológico o verde en nuestras campañas de márketing, porque la gente está saturada de estos mensajes", comenta Jeff Denby, co-fundador y director creativo de Pact, una línea de ropa interior y calcetines sostenibles. "La palabra eco ya no suscita una respuesta muy positiva", dice.

La inmigración ilegal

responsabilidad social corporativa

lunes, 20 de junio de 2016

Viñetas sobre la "Violencia de Género"





Explotación infantil

El consumismo

Noticias del "Consumismo"




El crecimiento de los hogares y la renta provoca que los españoles hayamos pasado de gastar menos de lo que necesitábamos a más de lo que podíamos en los últimos 40 años

EL CONSUMO RESPONSABLE


Vivimos en un mundo lleno de contradicciones en el que hay gente tan pobre que no puede permitirse las cosas más básicas y necesarias y, al mismo tiempo, muchas personas tienen una gran cantidad de cosas que realmente no necesitan.
Este consumismo se alimenta de la influencia de la publicidad, basada en falsas ideas tales como que la felicidad depende de la cantidad de cosas que tenemos. Así se acaba creando una sociedad donde lo más importante es conseguir dinero para poder adquirir esos productos que generalmente no necesitamos. Existe un estudio realizado por la Dirección General de Consumo de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha donde se observa que un 35% de los hombres y un 33% de las mujeres tienen problemas de adicción a las compras, y en el caso de los jóvenes asciende al 46%.
Además de la publicidad, otras cosas incrementan este consumismo, como el crear productos de usar y tirar o de mala calidad obligándonos a volver a comprarlos, ya que te sale más caro reparar el producto que comprar uno nuevo.
En mi opinión, para solucionar este problema lo mejor sería educar a la gente en temas como la importancia del reciclaje o el no malgastar recursos en cosas que realmente no necesitan.




  

 “Seremos mucho más felices si dejamos de caer en el consumismo”

 

6 ENE 2014 - 20:37 CET


“Julián García afirma que "el conocimiento y la tecnología han creado un crecimiento egoísta”

Su aspecto bohemio no engaña. Julio García Camarero (Madrid, 1936) habita entre libros subrayados con vehemencia y lleva una vida espartana, aliñada por su incansable pasión por el cine y la lectura y salpicada por la actualidad. Esta formación humanista se complementa con los diferentes trabajos de campo que ha realizado y que desde hace ocho años refleja en la filosofía del decrecimiento. Sobre esta teoría, versada en la racionalización de la producción y el consumo, ya ha publicado tres libros. Y no deja de hacer talleres y dar charlas tanto en el barrio valenciano donde reside, Russafa, como en ciudades como Roma. Es autor de El crecimiento mata y genera crisis terminal (2009) y El decrecimiento feliz y el desarrollo humano (2010).

En las más de 1.000 páginas que lleva escritas, ha querido hacer un repaso al modo de vida occidental y a las oportunidades que provee la crisis actual. Según el autor, el progreso del conocimiento y la tecnología han provocado la disminución de la necesidad del “trabajo enajenado o asalariado” y han creado un crecimiento “competitivo y egoísta, explotador del hombre y de la naturaleza”. Ante esta amenaza “deshumanizadora e irrespetuosa”, él propone un “decrecimiento feliz”. “Las necesidades humanas para el desarrollo son la subsistencia, el afecto, el entendimiento, la identidad, el ocio, la protección, la participación y la libertad”, explica. Unos valores que se alejan del “consumismo asesino” para abrazar un “consumo responsable y sano”.
Algo que conoce de cerca. Después de varias décadas al frente de la unidad de investigación de la Consejería de Agricultura y de ser uno de los fundadores de la primera asociación ecologista valenciana (la Asociación Valenciana de Iniciativas y Acciones en Defensa del Territorio, Aviat), este ingeniero técnico forestal ha llegado a la conclusión de que la felicidad no está ligada al consumo. “Seríamos más felices si dejáramos de caer en el consumismo, porque contaminaríamos menos, agotaríamos menos recursos, trabajaríamos menos y tendríamos más tiempo para divertirnos y para las relaciones humanas”, señala.

En sus más de 35 años como trabajador del sector público, pudo comprobar los diferentes tipos de sistemas agrarios utilizados en varios países. En una ocasión acudió a Cuba. Allí pasó más de un mes como alumno de la Universidad de la Habana en un pueblo, Guira de Melena, situado cerca de San Antonio de los Baños, a pocos kilómetros de La Habana. “La revolución cubana no se hizo en Sierra Maestra, que fue violenta, sino cuando se inició con la Agroecología”, argumenta. “Pero eso sí, siempre había la misma comida: arroz y frijoles”, sonríe, “aunque los desayunos con frutos tropicales eran exquisitos”.

Esa inquietud por conocer le llevó más tarde, cuando dejó su puesto de trabajo, a emprender varios viajes por el continente sudamericano. De allí se nutrió del material que utiliza en su último libro, El crecimiento mesurado y transitorio del sur, que editó el pasado verano y que cierra la trilogía dedicada al decrecimiento. En este volumen matiza sus pensamientos anteriores adecuándose a la coyuntura de estos países. Unos estados que coloca entre los seis mundos existentes, según su taxonomía. “Hay un Primer Mundo prepotente, solvente y consumista”, aclara, “y otros cinco depauperados, llenos de deudas y poco solventes”. “En los mundos periféricos, donde no hay casi economía, no se puede decrecer. Tendrán que crecer, pero de una forma mesurada, para no caer en los errores del Primer Mundo o de China”, argumenta.

“El crecimiento es la acumulación —por parte de unos pocos— de la riqueza, producida a partir del agotamiento de los recursos del planeta y de la explotación y empobrecimiento de muchas personas”, asegura. Para cada explicación recurre a algún autor o ejemplar. Al final de la conversación se apilan varios volúmenes encima de la mesa de su estudio. En este mismo espacio tiene una copia de bolsillo de la constitución de la república bolivariana de Venezuela, “la misma que enseñaba Hugo Chávez por la tele”.
De aquellos tiempos, apunta, provienen las primeras denominaciones liberales. “A finales del siglo XIX se habló de prosperidad; después, de progreso, que se equipara al productivismo; más adelante, el capitalismo en boca del presidente Truman se introdujo el término de desarrollo; y con el neoliberalismo se habla de crecimiento”. “El lenguaje es importantísimo”, recuerda antes de desgranar sus conclusiones: “Se habla de decrecer como si fuera negativo. Hay un decrecimiento (el de los recortes) que es negativo, pero otro que es positivo”, arranca. “El problema no son los puestos de trabajo sino las horas de trabajo. Si en lugar de tener 40 horas laborales semanales se redujeran a 12, y se repartieran entre todos, todos tendrían trabajo y habría más tiempo para las relaciones humanas. Y se sería más feliz y se contaminaría menos”, concluye.





Los sabios piden frenar el crecimiento de la población y el consumo voraz


La comunidad científica envía su llamamiento a la Cumbre de Río





Si los habitantes de la Tierra no modifican radicalmente sus hábitos de consumo voraz y la población mundial continúa creciendo de manera descontrolada, las consecuencias para la naturaleza y, consecuentemente, para las generaciones venideras, serán nefastas. Es la reflexión que la comunidad científica internacional ha querido llevar a la mesa de negociaciones de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible Rio+20, que ya ha arrancado en la ciudad más turística de Brasil con asistencia masiva de gobernantes, instituciones, organizaciones de diversa índole y corporaciones de medio mundo.

En un documento rubricado por Global Network of Science Academies (IAP), un think tank de la comunidad científica con sede en Trieste (Italia) que engloba a 105 academias de todo el mundo, se alerta por primera vez de los riesgos del consumo en los países del primer mundo y de la falta de control demográfico, principalmente en las naciones en vías de desarrollo. “Durante mucho tiempo el doble debate sobre población y consumo ha estado fuera de la agenda debido a sensibilidades políticas y éticas. Son asuntos que nos afectan a todos, países desarrollados y en desarrollo, y debemos asumir nuestra responsabilidad colectiva. Los actores políticos tienen ahora una excelente oportunidad para lanzar esta iniciativa en esta cumbre internacional de Río”, afirman los presidentes del IAP, los profesores Howard Alper y Mohamed Hassan.
La declaración difundida por la comunidad científica parte de datos tan sangrantes como estos: actualmente por las calles y autopistas de EEUU circulan tres vehículos de motor por cada cuatro habitantes. En las últimas cuatro décadas el consumo de alimentos en el planeta ha aumentado un 15 % (en términos de calorías) mientras casi mil millones de personas siguen mal alimentadas. La población mundial alcanza hoy los 7.000 millones de habitantes pero, si no te toman medidas urgentes, la previsión es que llegue, en el mejor escenario, a los 9.500 millones en 2050.

“Aunque nos parezca que 2050 está lejísimos, nos queremos adelantar a los acontecimientos e intentar que la voz de los científicos sea oída. Este crecimiento se dará principalmente en los países subdesarrollados y podemos llegar a una población de 11.000 millones de habitantes. Esto, lógicamente, no es positivo si se tiene en cuenta que esos países no están preparados para resolver sus problemas actuales y que con más población estos problemas no harán más que agravarse”, explica Francisco García Novo, catedrático de Ecología de la Universidad de Sevilla y miembro de la Comisión de Relaciones Internacionales de la Real Academia de Ciencias.

“Tenemos que presionar localmente para tener comportamientos de consumo más sensatos. ¿Por qué en España tenemos que tener más trenes de alta velocidad que en países desarrollados mucho mayores?, ¿para qué tantos aeropuertos? Estos excesos son equiparables a las hamburguesas de 800 gramos que tanto les criticamos a los norteamericanos. La conclusión del documento del IAP es que no es necesario vivir así. O mejor aún: es necesario no vivir así”, sentencia García Novo.
En la declaración de la comunidad científica se señala que las pautas de consumo exacerbado del primer mundo se están desplazando peligrosamente a los países en vías de desarrollo: millones de teléfonos móviles y toneladas de comida basura que invaden los hogares pobres son indicadores claros de esta problemática. La ausencia en los países pobres de políticas de planificación familiar o de prevención de embarazos tempranos termina de configurar un sombrío escenario de sobrepoblación. “Se trata de dos problemas convergentes que por primera vez analizamos de forma conjunta”, afirma García Novo.

El documento que llega a la mesa de negociaciones de Rio+20 no se limita al análisis de un grave escenario, sino que también plantea varías líneas de acción para conjurar males mayores, como “la inclusión de los factores población y consumo en las políticas de reducción de la pobreza, gobernanza global, educación, salud, igualdad de género biodiversidad y medioambiente”. “La educación es clave para que las nuevas generaciones entiendan que el actual es un mal modo de desarrollo y un mal modo de vida”. Este debate, como casi todo el contenido de esta cumbre, llega al Rio+20 en un mal momento. En plena crisis, buena parte de los líderes ni siquiera acudirán a la ciudad brasileña.



La sociedad de consumo ha muerto
Las economías emergentes siguen deslumbradas y en plena fiesta consumista mientras las consolidadas se han vuelto exigentes






Se acabó. Se acabó la fiesta y se acabaron las ganas de ir de fiesta. La sociedad de consumo ha muerto. Por lo menos tal y como la conocemos ahora, por lo que el consumo no nos sacará de la crisis. Lo explica el estudio de los profesores Josep María Galí y Guillem Ricarte, realizado para Creafutur y Esade. El informe, presentado esta mañana, señala que la actual crisis de la deuda y consecuentemente del consumo “es un síntoma de un fenómeno de mayor calado, un movimiento más de fondo, una transformación social” de la que las empresas deben tomar nota para enfocar sus negocios. El trabajo se basa en más de 3.500 entrevistas sobre costumbres, entrevistas en grupo y on line realizadas en 10 países. Su conclusión es que “vamos hacia una sociedad en la que las decisiones de los consumidores incorporan consideraciones sociales y colectivas y en las que las decisiones individuales de consumo se tomarán teniendo en cuenta su repercusión social”, ha explicado Josep María Galí.
En un lenguaje coloquial que no abunda en los informes y que es muy de agradecer, el estudio habla de tres modelos de consumo vinculados a situaciones económicas. El amarillo, que corresponde a las economías emergentes (China, Brasil o todavía algo en España), es el de la fiesta que desencadenan las expectativas de crecimiento. El consumo de la publicidad seductora, la religión de las marcas, del usar y tirar y la obsolescencia programada.
El mundo rojo, al que pertenecen España, Estados Unidos, Reino Unido o Francia, es el del consumidor frustrado, cabreado por un “calentón que ha derivado en un incendio” provocado por la crisis y el gastar lo que no tenemos. En el mundo rojo, el nuestro, los consumidores salimos de “el sueño irreal” fruto del crédito y somos desconfiados: desconfiamos del estado, de la política, los agentes financieros y las grandes empresas. Una desconfianza que alcanza a las marcas, “a quienes”, dice el estudio, “se acusa de no pensar en los intereses de los consumidores, de prepotencia e incluso de manipular la obsolescencia y de practicar una mercadotecnia intrusiva y poco respetuosa”.

El tercero es el mundo azul, al que pertenecen economías como Alemania o Suecia, donde los consumidores se vuelven exigentes e incorporan sus preocupaciones en los actos de consumo. Aspectos como “la sostenibilidad, la seguridad, la secularidad o la solidaridad”. El mundo azul exige. Exige alimentos saludables, seguros y de proximidad; busca comprar en grupo y cerca. Exige a la banca que “vuelva a sus orígenes y se preocupe del ahorro de los clientes y de financiar empresas”. Exige seguridad a las redes de comunicaciones; a la industria alimentaria que luche contra la obesidad; al transporte que sea sostenible, combinado y compartido; y al turismo que pase del low cost al without cost (el intercambio).

En este mundo azul la mercadotecnia se ve obligada a cambiar. De la agresividad y el “vender a cualquier precio”, que frustran a los consumidores, debe pasar a “a entender los problemas de la gente e innovar para proponer soluciones de futuro”. Estrategias en las que ya no vale infundir miedo, sino que deben mostrar más los valores de usar que de tener, solucionar problemas y ayudarnos a vivir como queremos vivir y no cómo queremos que nos vean por lo que compramos.

“Hay más oportunidades en innovar para ahorrar problemas a la gente, que ahora tiene muchos, que en prometer el cielo”, asegura el estudio en sus últimas líneas. “El consumo seguirá siendo imprescindible para el bienestar, pero perderá centralidad en un contexto social en el que los valores de la seguridad, solidaridad, secularidad y sostenibilidad ganan valor”, concluye. “Será el final de la sociedad de consumo, una sociedad de ciudadanos conscientes de la escasez en la que el consumo no será cosa de consumidores sino de ciudadanos”.




El consumismo en óleos de origen turco
16.07.2011 - 01:00

Pintora La artista turca Asli Özok completa sus estudios de Bellas Artes en la Universidad de Sevilla, donde realiza su doctorado. Su pintura, figurativa y conceptual, se caracteriza por el uso continuado de códigos de barras e imágenes superpuestas reconocibles en la sociedad de consumo.



Turquía la vio nacer y Sevilla le ayudó a crecer como artista. Desde hace casi dos años, Asli Özok, natural de Ankara, convive con los andaluces al tiempo que realiza su doctorado en la Universidad Hispalense. "Cuando visité el MOMA en Nueva York me impresionaron los autores españoles contemporáneos y decidí trasladarme aquí". Pero ¿por qué Sevilla? "Andalucía es la auténtica España, además de un lugar muy tranquilo para trabajar y vivir, aquí nunca te aburres, aunque es cierto que tienes que hacer contactos fuera para prosperar". En sus óleos, "figurativos y conceptuales", la artista rompe la previsibilidad de las formas a través de una serie de permutaciones. En su trabajo, explora el culto a las marcas y la exaltación del consumo con un alto sentido crítico a través de una procesión desordenada de imágenes, personas, animales, objetos e ideologías, todos superpuestos por códigos de barras que marcan el carácter consumista y la identidad colectiva, seriada e impersonalizada de la sociedad actual. La última exposición de Asli Özok en Sevilla fue en la sede central de RTVA en abril bajo el título de Códigos. Sus cuadros han visitado Estambul, Sofía, Chicago, Lisboa y, en los próximos meses, tiene previsto exponer en Florencia, Oporto, Los Ángeles y Jaén. "Para un artista es fundamental viajar, aunque, es cierto que, cada vez que regreso a Sevilla, me gusta más la ciudad".





Freno al consumismo

 

02.05.2008 - 13:18


La subida del precio de los alimentos básicos, en especial el pan y la leche, es el último golpe a las economías familiares tras el alza de los hidrocarburos y del Euríbor. Los andaluces comienzan a cambiar los hábitos a la hora de hacer la compra, afrontar grandes gastos o emplear el tiempo de ocio.








La última cosecha del cereal en Australia ha sido bastante mala. Y eso ha encarecido el precio del pan en los mercados de Sevilla, Cádiz, Córdoba, Huelva y el resto de provincias de




España. La globalización ha alcanzado hasta este punto al sector alimentario, que en estos últimos meses

se está enfrentando a una de las mayores crisis de las últimas décadas. Y no sólo por la insuficiente producción de algunos de los países productores, como Australia. También por la creciente demanda de zonas emergentes y superpobladas como India y China. Es un efecto en cadena: los habitantes de estos países consumen cada vez más productos cárnicos y el cereal es el ingrediente fundamental del pienso con que se alimenta al ganado. Consecuencia: sube el pan, suben muchos tipos de carne y sube la leche, tres de los elementos esenciales de la dieta. Y si la producción necesaria para abastecer a estos territorios es menor, la crisis está servida.

La subida del precio de los alimentos, que ya sufren los hogares, se suma a las continuas alzas del Euríbor, el índice del crédito hipotecario mayoritario, y al por ahora imparable ascenso de los hidrocarburos. Las economías familiares, cada vez con menos recursos, se aprietan el cinturón. Loli Ramos, Rosa Andamoyo y Ana María Ortega son miembros de la Asociación provincial de Amas de Casa Virgen del Rosario Consumidores y Usuarios, con sede en Cádiz. Las tres pasean por un hipermercado y reflexionan sobre su situación. “En Navidades te haces a la idea de que todo sube. Luego llega la cuesta de enero y, cuando ya creías que ibas a recuperarte, ves que ya no se puede porque todo sigue subiendo”, dice Loli Ramos. La situación llega al extremo de que un carro de supermercado “ya no baja de 40 ó 50 euros mensuales, que son 8.000 pesetas”, dice Rosa Andamoyo. Un dato que ha contribuido a que la cesta de la compra de una familia media pase de seiscientos a ochocientos euros mensuales. María Ortega, por ejemplo, lleva dos cuentas: una para la comida, de doscientos euros semanales, y otra para el resto de gastos. “Antes el sueldo daba para llegar al día 20 bien, pero ahora no pasas del 15”, afirma Loli Ramos, que siempre que puede recurre a las ofertas. Éste es otro efecto de esta crisis: los supermercados, para mantener la demanda, se han lanzado a publicitar múltiples fórmulas de descuento. Según estas expertas amas de casa, eso puede suponer un ahorro de quince euros de media en cada compra.

Las tres coinciden en que el impacto sobre el mercado de esta inflación alimentaria obligará a retornar a costumbres alimenticias pasadas. “Hemos acostumbrado mal a nuestros hijos y ahora tenemos que enseñarles a valorar la comida”, asegura Ana María Ortega, que augura un regreso a la barra frente a la viena, o del puchero frente al filete y el bocadillo, y cree que se comprará fruta menos variada, más pequeña y por tanto más barata. También piensa que el ciudadano tenderá a controlar el consumo del pescado frente a la carne, ya que el primero “está muy caro, y además es sólo un segundo plato”.
Cereales, harinas, pastas, margarinas, mayonesas, cervezas y arroces.  A juicio de Manuel Barea, presidente de la Confederación Andaluza de Empresarios de la Alimentación, éstos son los alimentos que más están sufriendo las consecuencias de la crisis en Andalucía. “Entre otras cosas es por la producción de biocombustibles. Al menos ésa es la explicación que nos dan a la hora de vender. Así el agricultor se hace fuerte, porque puede vender su producción para otros usos”, afirma este empresario, que representa al sector mayorista. Más caldo de cultivo para la crisis: el sector energético recurre al cereal como materia prima con la que generar combustibles presuntamente limpios con el medio ambiente. El relator especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación, Jean Ziegler, llegó a pedir hace unos días una moratoria de cinco años para esta producción, porque, literalmente, está contribuyendo a aumentar el hambre en el mundo, al emplear tierras de cultivo para este fin. La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) admite una “cierta influencia” en la crisis, pero no fundamental. Y añade que sólo es especialmente significativa en países concretos como Brasil. Según un informe de la Comisión Europea, el año pasado sólo el 2% de la producción de cereales se destino a fabricar bioetanol, un porcentaje que en España sube a algo más, el 5%.

Aún hay una causa más de esta carestía de la cesta de la compra: la especulación. Antonio Rodríguez, un ganadero malagueño de 37 años, posee unas seiscientas cabras en el municipio de Cedella, en la Axarquía. La leche que produce no es mayoritaria para el consumo humano, pero es fundamental para la elaboración de cualquier queso. Tiene, por tanto, una buena salida al mercado. Pues bien, hace sólo un año y medio compraba el pienso a unas 35 pesetas el kilo. Ahora lo hace por 55. “Y seguimos vendiéndola al mismo precio que antes a los intermediarios. Yo vendo seis litros de leche, la cantidad necesaria para hacer un queso, a 3,2 euros y en el mercado vale doce. Y sigue subiendo”. Los productores se quejan de que, en sectores como el de la leche, apenas haya competencia en el sector de la distribución, lo cual hace que los intermediarios puedan fijar precios más baratos en origen y encarecerlos en destino. La organización de consumidores Facua denunció el pasado mes de agosto, ante la Comisión Nacional de la Competencia, un acuerdo entre las principales marcas de lácteos para subir el precio de la leche. Entre ese mes y noviembre del año pasado soportó un incremento medio del 26,4 por ciento. Según las estimaciones de Facua, las marcas más baratas pasaron, en lo que se refiere a leche entera, de 0,50 a 0,69 euros el litro y las más caras de 0,89 a 1,05. Desde diciembre, el precio de este producto se mantiene más o menos estable.

Sea por la creciente demanda, por el uso de cultivos para generar combustibles o por la especulación en la cadena de distribución, lo cierto es que suben cereales, pastas, margarinas, mayonesas, cervezas y arroces. Y el aceite de girasol. Pedro Rubio, presidente de la Asociación Nacional de Industriales Envasadores y Refinadores de Aceites Comestibles, asegura que los precios se han disparado hasta un 40%, fundamentalmente por el crecimiento económico de India y China. Sin embargo, y a pesar de que el aceite de oliva se mantiene estable por la buena cosecha, las ventas no disminuyen, a falta de saber las consecuencias de la crisis de la semana pasada. Según Rubio, esto se debe a “una capa de clientes muy fieles”, pero Álvaro Guillén, director de Comunicación de Acesur, una de las principales empresas del sector, aporta un matiz: “En la coyuntura actual el efecto de la crisis se nota sobre todo en la hostelería, donde se opta por los aceites más baratos”.
Mariano Ramírez tiene 36 años y regenta la bocatería y restaurante La Tahona, en el centro de Almería. Afirma que la crisis le ha llegado, pero no tanto como se difunde desde los medios de comunicación. “Aquí aguantamos hasta final del año pasado sin tocar la carta, pero entonces llegó la subida del pan. A pesar de ser uno de los alimentos base, mantuve el precio en la barra y subí diez céntimos el del servicio de mesa”.

En otro punto de Andalucía, Jerez, Francisco José  Pruna atiende todos los días a sus clientes en su puesto de fruta del mercado. Él sólo sabe que hace años compraba su producto, todos los días, a cien mil pesetas en Mercajerez y ahora lo hace a 1.000 euros. Cuando se le pregunta por la crisis, lo primero que se le viene a la cabeza es lo siguiente: “La fruta viene en camiones y el gasoil es más caro”. De los grupos de precios que maneja el Instituto Nacional de Estadística para elaborar el IPC, el que más ha crecido en los últimos cuatro años es, junto con el de la vivienda, el del transporte, un 22,4%. Rafael Apelluz, de 44 años, es empleado de la gasolinera de Repsol más céntrica de Huelva, junto al centro comercial Hipercor. Este tipo de establecimientos funcionan como termómetros de la realidad social. “Todos los días tengo que cambiar los precios de la gasolina, y eso es imparable. Vamos cuesta abajo y sin frenos”, relata apesadumbrado Apelluz, quien añade un detalle microeconómico de esta crisis del consumo: “Los que antes venían con billetes para que les llenaras el depósito ahora sacan la calderilla del bolsillo y van echando de diez en diez euros”.

Otro dato: el aumento de casos de personas que se suministran la gasolina en el autoservicio y se marchan sin pagar o se echan más litros de lo convenido.  ¿Consejos? “Que llenen el depósito cada vez para salvar la subida continua del precio y así ahorrar y que dejen de comprar vehículos de gasoil”, dice Apelluz. Es la ley del péndulo. La creciente demanda del diésel, rentable cuando el combustible estaba barato, y la mayor dificultad para obtener este producto por parte de las petroleras, son las causas del cambio.
Los economistas saben que tan dañina como la inflación es la deflación, la bajada de los precios. Y ésa es la tendencia hacia la que se dirigen el sector inmobiliario y el del automóvil. Respecto al primero, en el último trimestre, el coste de la vivienda libre en toda España subió un 0,8%, muy por debajo del 4,5 del IPC. +
En Andalucía, el crecimiento fue superior, del 2,6%, motivado por la inercia constructora tras varios años de un boom mayor que en el resto del país y por el tirón del litoral. Aún así, los precios siguen estando por las nubes. Desde 2004, el crecimiento ha sido del 22,9%. El índice al que están referenciados el 95% de la de las hipotecas, el Euríbor, es ahora el más alto de los últimos ocho años, del 4,82%. Si la tendencia sigue así, los créditos podrían subir entre 650 y 1.150 euros al año. Y el gasto familiar destinado a la vivienda sigue creciendo: un 46,2%, tres puntos y medio más que en 2007.
Con este panorama, es lógico que haya descendido de forma drástica la demanda de vivienda. Y que la imagen social cambie. Ya no es posible ver varias inmobiliarias por calle, pero el mercado, aunque sin tanta fuerza, sigue ahí. Carlos Rueda es el delegado en Málaga del portal idealista.com, dedicado a la venta de inmuebles.  Al no necesitar un espacio físico para funcionar, con el gasto que ello conlleva, el negocio ha sobrevivido con holgura. Es más, Rueda asegura que “en los últimos seis meses ha habido un aumento de un 48% en las búsquedas de vivienda por internet”, un medio que parece sustituir en parte a la inmobiliaria tradicional.
Otro negocio que evoluciona es el del automóvil. La compra de coche nuevo cae en picado, con un descenso del 5,8 por ciento en marzo respecto al año anterior. En general, los gastos que suelen requerir de financiación, entre ellos el del vehículo privado, están sufriendo una merma, por la reducción del poder adquisitivo de las familias y también por la rigidez bancaria a la hora de conceder créditos. Rafael Fernández es un joven cordobés que posee un concesionario dedicado a la compraventa. En su empresa, el cliente elige modelo, color y equipamiento y él se encarga de buscar el coche al mejor precio posible. El sistema le ha permitido sortear la crisis, pero no se ha librado de un leve descenso de las ventas. “Tenemos que ofrecer más ventajas, para que los clientes se decidan a comprar. Nuestro objetivo es que la gente tenga confianza a la hora de comprar un coche de segunda mano porque tiene todas las garantías”. ¿Efectos de la desaceleración? Uno paradójico: “Antes se pagaba de una vez y ahora se tienen que pedir préstamos”.
En los concesionarios de vehículos nuevos, triunfan los de baja gama y los ecológicos, gravados con menos impuestos. “La fabricación de coches comienza a hacerse tres años antes de su venta, por lo que es difícil calcular el comportamiento del mercado. Lo que ha ocurrido es que se ha generado mucho stock; el año pasado sufrimos mucho y ahora estamos algo mejor”, señala Francisco Salazar, vicepresidente de Faconauto, la organización que agrupa a los concesionarios. Los coches que cuestan entre 25.000 y 35.000 euros, grandes beneficiados de la etapa de bonanza, son ahora los  perjudicados.
Todo encaja. El Euríbor sube y no se conceden créditos con tanta facilidad. No hay dinero para lujos y, para más inri, la parte de la nómina destinada a la alimentación también es mayor. Los cambios en los hábitos de vida están servidos.